500 razones contra un prejuicio: la violencia no es cosa -exclusiva- de hombres…

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Javier Álvarez Deca

Análisis comparativo de una recopilación de 500 estudios internacionales -QUINIENTOS- sobre violencia intrafamiliar, de pareja… que demuestran que la violencia no es cosa exclusiva de los hombres, y tiene doble sentido.

Mujeres más violentas que los hombres ?

En este trabajo se presentan los resultados de 500 estudios empíricos sobre la violencia perpetrada o sufrida dentro de la pareja heterosexual, que ponen de manifiesto el carácter bidireccional y simétrico de esa violencia. Y se concluye que las políticas predominantes sobre violencia doméstica, basadas en el prejuicio del modelo unidireccional (hombre-perpetrador y mujer víctima), desconocen la mitad del problema y son resultado de ideas preconcebidas incompatibles con los datos objetivos que aportan las investigaciones científicas.

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Para reunir esta recopilación de 500 estudios ha sido necesario consultar también y descartar otros muchos que no cumplían la condición esencial de examinar los comportamientos de ambos miembros de la pareja, no ofrecían datos comparables para ambos sexos o no tenían cabida en la recopilación por algún otro motivo. Sin duda, la consulta de un volumen tan abultado de investigaciones y datos permite sacar algunas conclusiones generales. Las que se exponen a continuación se refieren tanto a los métodos utilizados como a los resultados obtenidos en los diferentes estudios, ya que ambos aspectos estánestrechamente relacionados. A)CONCLUSIONES RELATIVAS A LOS MÉTODOS

Modelo bidireccional

El aspecto más básico de los estudios sobre violencia de pareja es el universo abarcado. Desde hace más de tres decenios, numerosas instituciones nacionales e internacionales han dedicado inmensos recursos y cuantiosos fondos públicos al estudio unidireccional de la «violencia contra las mujeres». Es decir, la mitad masculina de la población ha quedado excluida de esos estudios, basados en la premisa de que sólo el hombre puede ser perpetrador de violencia. Mientras tanto, no ha dejado de crecer el número de estudios independientes que analizan los niveles de violencia perpetrada por ambos miembros de la pareja. En la presente recopilación sólo se ha dado cabida a las encuestas del modelo bidireccional, es decir, que miden tanto la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres como la ejercida por éstas contra aquéllos en el seno de la pareja. En contra de las tesis oficiales amparadas en el modelo unidireccional, las conclusiones de esos estudios bidireccionales arrojan niveles similares de conflictividad para ambos sexos o incluso ligeramente superiores en el caso de las mujeres.

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Estudios longitudinales

En términos de calidad, los estudios longitudinales(identificados , en el Anexo 1, con el símbolo L*), con sus mediciones repetidas de las variables de un mismo grupo a lo largo del tiempo, son los instrumentos más fiables de evaluación de la violencia de pareja. En general, estos estudios son los que registran de modo más sistemático y constante tasas de victimización masculina comparativamente mayores.

Estudios transversales

Los resultados de los estudios transversales, que miden la prevalencia de la violencia de la pareja en un momento dado, dependen en gran medida de dos aspectos: la muestra utilizada y el período abarcado. Como veremos más adelante, los estudios que más se alejan de las constantes de bidireccionalidad y simetría en la violencia de pareja adolecen de uno de estos dos defectos, o de ambos: o bien abarcan períodos de tiempo excesivamente largos (en los que es más difícil cuantificar los comportamientos y más fácil ceder a la sensibilización ideológica predominante), o bien utilizan muestras de conveniencia (archivos policiales o judiciales, población de albergues para maltratadas, grupos clínicos, grupos de maltratadores sujetos a rehabilitación, etc.).

El maltrato a hombres, una violencia invisible | RTVE.es

Encuestas oficiales

Las grandes encuestas nacionales de prevención del delito (crime surveys) aplicadas regularmente por instituciones oficiales en países como los Estados Unidos, el Canadá o el Reino Unido, suelen arrojar resultados de mayor victimización de la mujer. Sin embargo, estas encuestas no están concebidas para medir específicamente la violencia de pareja ni utilizan una metodología optimizada para estudiar ese tipo de violencia, sino también otros muchos aspectos. En ellas, los encuestados responden a una enorme batería de preguntas sobre todo tipo de comportamientos delictivos experimentados en su entorno (desde robos con allanamiento hasta expresiones de racismo), incluidos los actos de violencia doméstica percibidos como delitos.8En relación con la fiabilidad de esas encuestas, Murray A. Straus ha demostrado que los niveles de maltrato declarados en las encuestas sobre violencia familiar son 16 veces superiores a los declarados en las crime surveys.

También en este caso, las encuestas que arrojan mayores niveles de victimización femenina son, metodológicamente, las menos fiables.

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Metaanálisisy recopilaciones

a)John Archer

Un gran metaanálisis de estudios sobre la violencia de pareja es el publicado en 2000 por el profesor John Archer10, de la Universidad de Lancashire Central (Reino Unido), que el especialista Donald G. Dutton ha valorado así: «Dada la metodología utilizada por Archer, su trabajo ha de considerarse como el ‘patrón-oro’ (gold standard) de los estudios sobre la violencia de género».11En el metaanálisis de Archer se examinan los resultados combinados de 82 estudios independientes, cuya muestra conjunta alcanza la cifra de 64.487 individuos. De acuerdo con los datos combinados de esos estudios, las mujeres son más propensas que los hombres a ejercer el maltrato físico contra su pareja, aunque tienen una probabilidad ligeramente mayor de sufrir lesiones.

b)Proyecto PASK

Enmarzo de 2010 se puso en marcha el Partner Abuse State of Knowledge (PASK) Project, extensa investigaciónpromovida por John Hamel, director de la revista especializada Partner Abuse, para llevar a cabo un análisis globalde los estudios empíricos sobre violencia en la parejapublicados hasta entonces. En la investigación, que llegó a considerar un total de 12.000 estudios sobre diversas facetas de la violencia de pareja y a resumir y organizar los resultados de unos 2.000estudios,participaron 42 especialistas y 70 ayudantes de investigación de 20 universidades e instituciones de los Estados Unidos, el Canadá y el Reino Unido. Las conclusiones de esta exhaustiva investigación se publicaron en noviembre de 2012.

Israel alberga a hombres violentos en hoteles para proteger a mujeres  maltratadas - Enlace Judío

El análisis de estudios relativos a las tasas de violencia física perpetrada o sufrida en la pareja se circunscribió a los países occidentales de habla inglesa y se centró en los estudios publicados a partir del año 2000. En lo que respecta a la prevalencia de la victimización por violencia física en la pareja, se sistematizaron los resultados de 249 estudios y, según sus conclusiones, el 23,1% de las mujeres y el 19,3% de los hombres habían sido víctimas de violencia física en sus relaciones de pareja. Asimismo, se analizó la prevalencia de la perpetración a través de 111 estudios y, según sus resultados, el 28,3% de las mujeres y el 21,6% de los hombres habían sido perpetradores de violencia contra sus parejas. En cuanto a los aspectos de unilateralidad y bidireccionalidad de la violencia en la pareja, se analizaron50 estudios y, según sus conclusiones, en las muestras representativas de la población general, el 57,9% de la violencia de pareja había sido bidireccional; mientras que, del 42,1% restante, el 13,8% había sido violencia unilateral del hombre hacia la mujer, y el 28,3% había sido violencia unilateral de la mujer hacia el hombre.

Marco cronológico

Las encuestas transversales relativas a períodos largos o alejados en el tiempo arrojan, invariablemente, resultados más asimétricos y de mayor victimización de la mujer que las encuestas con un horizonte temporal más inmediato (doce últimos meses). Cuando las preguntas de una encuesta se refieren a actos de violencia conceptualmente bien delimitados (golpear con el puño, empujar, dar patadas, etc.) y fáciles de ubicar en el marco temporal (por ejemplo, durante el último año), los resultados son generalmente simétricos para ambos sexos. En cambio, cuando ese marco temporal se amplía (por ejemplo, a los últimos cinco años o a toda la vida adulta) o las preguntas son más vagas, las tasas de victimización de la mujer aumentan, lo cual sólo parece atribuible a motivos psicológicos (por ejemplo, la diferente percepción de las relaciones anteriores por hombres y mujeres) o ideológicos (la generalizada percepción social de la mujer como víctima potencial del varón).

Muestras

La fiabilidad de cualquier estudio depende en gran medida de la muestra utilizada para realizarlo. Si se trata de una muestra de selección (por ejemplo, mujeres refugiadas en albergues para maltratadas o grupos de maltratadores sujetos a programas de rehabilitación) o autoselección (es decir, voluntarios que responden a anuncios públicos formulados en determinados contextos), sus resultados no serán, en rigor, extrapolables a la población general, y cabe pensar que algunos estudios que utilizan esa metodología están buscando un resultado pre-establecido. En particular, los estudios feministas tienden a basarse más frecuentemente en muestras de conveniencia (archivos policiales o judiciales, población de albergues para maltratadas, grupos clínicos, grupos de maltratadores sujetos a rehabilitación, etc.), a todas luces menos representativas de la población general que las muestras aleatorias utilizadas en los estudios independientes, y tratan de extrapolar a la población general los resultados obtenidos mediante esas muestras prediseñadas.

En cambio, los estudios más fiables utilizan muestras no selectivas, elegidas aleatoriamente o con criterios de representatividad entre la población general.

Resumen de lo anterior

Los estudios más fiables -es decir, los estudios longitudinales con sus mediciones reiteradas en el tiempo, y los estudios transversales realizados sobre muestras de la población general, diseñados específicamente para medir la violencia de pareja y centrados en períodos recientes y fáciles de recordar por los encuestados-son los que suelen arrojar mayores niveles de victimización masculina. En cambio, los estudios basados en muestras estadísticas sin representatividad general, diseñados primordialmente para obtener otro tipo de información o relativos a períodos de tiempo excesivamente largos (es decir, más difusos en el recuerdo y más supeditados al clima social predominante) son los que registran mayores niveles de victimización femenina.

B)CONCLUSIONES RELATIVAS A LOS RESULTADOS

Prevalencia

Según se desprende del resumen cuantitativo expuesto más arriba, el número de estudios que registran mayores porcentajes de violencia perpetrada por la mujer en las relaciones de pareja es casi el triple del número de estudios que llegan a la conclusión contraria. Otros estudios (algo más de la cuarta parte de los incluidos en la tabla comparativa) registran proporciones similares de violencia total para ambos sexos. Obviamente, ello no significa que las mujeres ejerzan el triple de violencia que los hombres. En realidad, los porcentajes de violencia registrados para ambos sexos son bastante similares en la mayoría de los estudios de la recopilación. En concreto, y sin reinterpretar en ningún caso los resultados ofrecidos por los autores, se ha considerado que un estudio registra mayores tasas de victimización para uno u otro sexo cuando la diferencia entre ambas medidas es superior al 10% de la mayor de ellas. Con arreglo a ese criterio, una abrumadora mayoría de estudios certifica que las mujeres ejercen la violencia de pareja en mayor proporción que los hombres, es decir, en una proporción superior al 10%, como mínimo.

Iniciación y unilateralidad de las agresiones

Por otra parte, en clara contradicción con los postulados de género, que justifican la violencia femenina como violencia de respuesta o defensiva, casi todos los estudios de la presente recopilación que examinan las condiciones de reciprocidad de la violencia coinciden en atribuir mayores niveles de violencia unilateral e iniciación de las agresiones físicas a las mujeres. Esos resultados y esa realidad son también incompatibles con las tesis feministas sobre la violencia de control14y con el valor probatorio per se, a efectos judiciales, de la palabra de la mujer, estadísticamente iniciadora de la mayor parte de las agresiones físicas.

Libre elección

En algunos de los estudios longitudinales presentados en la tabla comparativa del Anexo 1 se hace un seguimiento de las parejas antes y después del matrimonio.15En casi todos ellos, los mayores niveles de violencia se registran en las fases iniciales del noviazgo o antes del casamiento. Esta violencia temprana seguida de matrimonio o consolidación de la relación parece incompatible con la teoría feminista del apresamiento económico de la mujer como explicación de su permanencia en el seno de relaciones violentas.

No-violencia de género

Mujeres golpeadoras | Gaceta UDG

Mientras que, a nivel general, los hombres cometen actos de violencia en una proporción mayor que las mujeres, a nivel de pareja esa tendencia se invierte. Exactamente lo contrario ocurre con las mujeres, que cometen una violencia proporcionalmente mayor en el seno de la pareja que fuera de ella. Es decir, el hombre es más propenso a ejercer la violencia contra otros hombres que contra sus parejas femeninas o contra las demás mujeres; y las mujeres son más propensas a ejercer la violencia contra sus parejas masculinas que contra las demás mujeres o la población en general. Por consiguiente, de existir algo que pudiera llamarse «violencia de género», la expresión se ajustaría más a la violencia ejercida por la mujer contra el hombre que viceversa.16Además, estos resultados desvirtúan la tesis feminista de que el hogar es el lugar donde más agresiones sufren las mujeres, ya que es también el lugar donde más agresiones sufren los hombres.

Violencia en parejas homosexuale

sEn detrimento del postulado básico feminista, según el cual la violencia en la pareja es perpetradamayoritariamente por el hombre como medio de asegurar su dominio sobre la mujer, son muchos los estudios que demuestran que los mayores porcentajes de violencia se producen en las parejas homosexuales.17De acuerdo con un reciente artículo en el que se analizan los resultados de 75 estudios empíricos realizados sobre colectivos homosexuales a lo largo de los últimos decenios (con una muestra global de 139.635 individuos), la violencia ejercida en las parejas de lesbianas puede llegar a ser hasta ocho veces mayor que la ejercida contra la mujer en las parejas heterosexuales. Es decir, en el caso español, la tesis que sirve de preámbulo y fundamento a la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, según la cual la «violencia de género» es «una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo» es, simplemente, la formulación de un prejuicio ideológico.

Lesiones y atención médica

En conjunto, las mujeres sufren más lesiones que los hombres por efecto de la violencia de pareja, aunque los porcentajes no son tan abrumadoramente mayoritarios como generalmente se cree. Si hacemos un cómputo global de todos los porcentajes del Anexo 1 relativos a lesiones (registrados en 45 estudios), es decir, una suma «en bruto» de todos los datos precedidos del símbolo ◊, la cifra global resultante de lesiones causadas por las mujeres (790) equivale al 76% de la cifra global de lesiones causadas por los hombres (1037).19En cuanto a los niveles de atención médica requerida como resultado de las lesiones, sólo 22 estudios de la recopilación ofrecen datos de ese tipo, por lo que cualquier conclusión al respecto debe considerarse como muy provisional. De hecho, esos niveles de atención médica eran similares para ambos sexos cuando la recopilación alcanzó 230 estudios y se hizo un primer ejercicio de comparación20, pero cambiaron sustancialmente con la posterior introducción de cuatro nuevos estudios (Gavray, 2010; Kar y O’Leary, 2010; ONDRP, 2011; y Oliveira et al., 2009), de forma que los niveles de atención médica requerida por los hombres pasaron a representar el 63% de los niveles de atención médica requerida por las mujeres (calculados mediante el mismo procedimiento de suma “en bruto” de todos los datos precedidos del símbolo ♦). Mucha más fiabilidad debe prestarse al citado metaanálisis de J. Archer, que llega a la siguiente conclusión: “Cuando se miden las consecuencias físicas de la agresión (lesiones apreciables o lesiones que requieran atención médica), las probabilidades de causar lesiones a sus parejas son mayores en los hombres que en las mujeres, pero, nuevamente, los tamaños del efecto son relativamente pequeños.

CONCLUSIÓN FINAL

Como ponen de manifiesto los estudios recopilados en los Anexos 1 y 2, las políticas sobre violencia doméstica basadas en el modelo unidireccional (hombre perpetrador/mujer víctima)desconocen la mitad del problema y son resultado de ideas preconcebidas incompatibles con los datos objetivos que aportan las investigaciones científicas. Es inevitable que esas políticas, basadas en hipótesis falsas, tengan efectos contraproducentes.

La conclusión esencial del presente trabajo es que existen cientos de estudios empíricos sobre la violencia perpetrada o sufrida dentro de la pareja heterosexual cuyos resultados no pueden pasarse por alto, como viene siendo habitual, a la hora de formular las políticas y normas de prevención de esa violencia. O dicho de otro modo: no están justificadas las políticas y normas de prevención de la violencia en la pareja basadas en meros postulados ideológicos y en certezas preestablecidas, o en sus equivalentes encuestas diseñadas con sesgo ideológico y excluyente, sino que es preciso tener presentes los resultados de los cientos de estudios empíricos que analizan el fenómeno de la violencia con criterio imparcial y omnicomprensivo, es decir, teniendo en cuenta los comportamientos de hombres y mujeres…

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